El camarote oscuro

Cerca de la proa está el camarote principal, donde la imaginación vuela al ritmo del viento, o simplemente se mece con las olas del puerto. En la popa se encuentra un segundo camarote, al que llamo El camarote oscuro. El resultado de cada travesía se plasma allí. Los mapas y cartas geográficas, sean reales o ficticias, ven la luz en un espacio donde paradójicamente la luz escasea.

No visito ese espacio diariamente. Hacerlo implica permanecer más de la mitad del día trabajando en una tiniebla rojiza: los materiales allí utilizados requieren ese tipo de iluminación. Los días designados a tales trabajos son premeditados y programados. Mientras permanezco en ese camarote la nave queda a la deriva.

Pasan las horas y al final de la jornada uno o más mapas quedan terminados para ser mostrados a aquellas personas que saben de mis viajes y esperan sin apuro en algún puerto. A ellos dedico estos rectángulos de papel que un día quedarán tan desteñidos como mi cabello: no hay mapa ni marino que resista el embate de los años.

El camarote oscuro oficia también como Sala de Máquinas. Los aparatos de mi navío son eléctricos y mecánicos. No hay sofisticación tecnológica. Sólo lo imprescindible para llegar a destino: apenas unos instrumentos que dirigen la luz, y unas sustancias que me permiten dibujar mapas. Las ampliadoras, irradiando luz desde su parte superior, semejan faros en la oscuridad que, en su labor de imprimir, me orientan hacia el destino final: la carta fotográfica terminada.

Para este humilde navegante, allí todo se unifica: en esos momentos el mapa y el territorio son la misma cosa, de la misma forma que son idénticos el barco y el marino.

Acerca de «Cartografías de un marino en tierra»

Este barco ha estado navegando por más de tres décadas, y hoy, (abril de 2020), es la primera vez que este marinero solitario y distraído decide dejar registros, algunos retrospectivos y otros recientes.

Relatos caóticos, absurdos, de aquí, de allá, o de ninguna parte… Y también breves descripciones de sus navegaciones imaginarias.

Lector, piensa en el cuaderno de bitácora escrito por el capitán del Holandés Errante: notas fantasmales, detalles fugaces, palabras e imágenes para ser leídas y vistas por espíritus vagabundos, o quizás por… ti?

Bienvenidos a bordo!

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