Orientaciones

A bordo de la nave, los días y las noches se suceden sin que me percate del cambio de luz y sombra. El camarote me atrapa, y olvido el paso del tiempo mientras escribo sobre los próximos rumbos.

He elaborado una especie de índice temático, un inventario de elementos y circunstancias que me ayude a mantener el orden de las ideas. El índice es orientativo, ya que a medida que navego, los relatos se alternan según el interés del momento.

Esta es una breve descripción del contenido:

a) Cuadernos de bitácora
(Rumbo, velocidad, maniobras y demás peripecias de la navegación).

Al momento de redactar estos episodios, comprendo que las cosas habrían resultado más sencillas si en algún momento hubiese decidido registrar los acontecimientos con disciplina. No fue así, por lo que el lector deberá ser tolerante.

A esta altura, poco aportaría intentar darles un orden cronológico estricto, pero quizás dicho orden pueda intuirse a medida que transcurre la lectura.

De paso, les recuerdo mi rango en esta nave: timonel. Sólo conduzco. Tampoco recibo órdenes. A veces asumo el rol de capitán y me extravío, deambulando en las bodegas, delirando a causa del ron. Cuando subo a cubierta, me aferro al timón y la realidad toma otros rumbos… La bitácora pasa a ser un reflejo de ellos.

 

b) Los mares (Regiones en las que transito)

El navío es el mismo, pero los mares que surco varían según el viento: fotografía, poesía, pintura, escultura, escritura. De cada mar visitado, apenas conozco la superficie y algún tramo no demasiado profundo. Son demasiado vastos para explorarlos en su totalidad, y dado que mi edad no me permite emprender semejante aventura, suelo surcarlos o bucear hasta donde puedo para luego cambiar de región aleatoriamente.

Más detalles en el transcurso de este periplo.

 

c) El camarote

Las travesías se van registrando en determinado sitio, en determinado momento. Es conveniente contar con un espacio que permita la privacidad y la supresión de toda otra tarea que no sea la de imaginar, trazar un mapa según esas visiones, y conducir la nave a un nuevo puerto. O, sentarse en un sillón y vagar a merced de olas perezosas. O porqué no, simplemente abrir la ventana y contemplar el lugar en el que se encuentra varado el navío.

 

d) Brújulas, compases y otros instrumentos.

Brújula en tierra o compás en altamar son instrumentos inútiles en las manos de un marino que no recuerda espacios ni horizontes. Así, hay tiempos en los que el imán indica un curso que aún no sé vislumbrar. Es necesario permanecer en puerto hasta que ciertos vientos despejen la bruma.

¿Hacia dónde? ¿Para qué poner en marcha el navío?

Ocasionalmente pierdo mi brújula, y aunque luego la encuentre, no sé interpretarla.

Los campos magnéticos, igual que estados emocionales, se confabulan de tal forma que no hay rosa de los vientos capaz de orientarme.

El cielo el es gran guía en las noches estrelladas, pero cuando la niebla no deja ver los astros, uno debe ser el artesano que diseña y construye los aparatos que puedan señalar un rumbo. También utilizo instrumentos mecánicos y ópticos que otros marinos, pioneros de la navegación, fabricaron para principiantes como yo.

 

e) Vientos y mareas.

Mi nave no se impulsa por sí misma. Pertenece a la clase de embarcación que se desplaza de acuerdo a circunstancias externas. Sólo una vez que el viento sopla, puedo optar por tal o cuál dirección. Si la marea lo designa, permanezco en el puerto que me tocó en suerte. Siempre hay una taberna, plaza o bosque desde donde puedo ver mi barco que espera. Ambos sabemos esperar. Es la luna la que toma el mando.

 

f) Velas y anclas

Sin velámen, un barco apenas se mueve. Las velas que recogen el viento son como las páginas de un libro que puede transportarte a cualquier parte, son las cometas que remontabas de niño buscando las alturas. Cuando hoy nos toca navegar, seguramente es con velas hechas a medida de un trayecto previsto. Pero existen otros velámenes más complejos que pueden llevarnos a donde nadie estuvo antes. Esas velas que deberemos confeccionar, son las que estarán hechas a la medida de nuestros sueños. ¿Las anclas? Primero hay que zarpar…

 

g) Cuerdas, nudos y redes

Hay elementos que izan o pliegan las velas que mueven la nave o que la sujetan al muelle. Ellos impulsan la trama del viaje o amarran la nave a la orilla. Sigan el recorrido de las cuerdas y sabrán cómo llegó el navío hasta aquí.

 

h) Cartas de navegación

Me acostumbré a realizar anotaciones. Algunas me ayudan a recordar lo recorrido: dónde anduve, qué rutas seguí, qué señales me guiaron. Otras me facilitan el regreso a esos parajes, o me aventuran para seguir navegando. Sería muy pretencioso de mi parte que estas cartografías pudiesen ser de ayuda a otros viajeros, pero me entusiasma pensar que alguien tome su propio timón bajo la inspiración de mis bocetos.

 

i) Notas en puerto

Mis cuadernos y lápices me acompañan más que cualquier otro instrumento. Los llevo a donde voy, y los considero verdaderos depositarios de lo que creo (en ambas acepciones del término). Con ellos registro aquello que llama mi atención, bosquejo futuros proyectos, o apunto palabras aisladas que luego me hacen revivir las experiencias que les dieron origen.

 

j) En mar abierto

Uno despliega sus velas de acuerdo al viento, modera las tensiones, y confía en los espejismos. Mar adentro, con la línea de horizonte circundante dividiendo dos planos, los sentidos llegan a aletargarse. Nada nuevo cabe esperar de la anodina vastedad. Da lo mismo hacia dónde se gira en timón: el paisaje es el mismo. Peor es aún si uno se aburre y decide soltar el timón o bajar las velas. Uno debe continuar hasta que algo ocurra bajo la forma de un recuerdo, o un estímulo imprevisto, o un truco de la mente.

En un mar pequeño, del tamaño de una tina, alguien gritó “Eureka”. Así es como se navega cuando un nuevo sentido se despierta, y por un instante, le da sentido a todo…

 

k) Expediciones y extravíos

Lugares o circunstancias fuera de lo programado, improvisaciones y encuentros sorpresivos que dan resultados fuera de lo esperado, como era de suponerse.

 

l) Terra Incognita (Encuentros con lo desconocido)

Preguntas para las que no tengo respuestas. Quizás sea por eso que nunca ceso de preguntarme.

 

m) Oriente, Occidente, y el espacio entre ellos

En un momento de mi travesía me orienté, por decirlo de algún modo, Sin jamás dejar mi Sur, me des-occidenté y puse mi norte en Oriente. Rocé apenas las olas provenientes de sus costas, pero no pierdo las esperanzas de acercarme a sus orillas. Desde mi camarote describo un mundo del lejano Este que quizás visité en sueños.

 

n) Rituales de un navegante

Hábitos, costumbres heredadas, vicios menores, llámese como se quiera, pero allí están. No aportan nada sustancial a la navegación, pero por momentos son la pausa que algunos timoneles necesitan.

 

o) Ultramar y más allá: el marino se ausenta.

Tarde o temprano, todo marino recibe una vacación de la cual es imposible negarse. Previendo acontecimientos cuya alteración no está al alcance de la ciencia actual, este marino decide explicitar aquí lo que debe hacerse con el material que se encuentra a bordo, las travesías y proyectos que pudieron haberse concretado de haber tenido más tiempo. También se describen sucintamente algunos puertos que otros navegantes quizás descubran.

Acerca de «Cartografías de un marino en tierra»

Este barco ha estado navegando por más de tres décadas, y hoy, (abril de 2020), es la primera vez que este marinero solitario y distraído decide dejar registros, algunos retrospectivos y otros recientes.

Relatos caóticos, absurdos, de aquí, de allá, o de ninguna parte… Y también breves descripciones de sus navegaciones imaginarias.

Lector, piensa en el cuaderno de bitácora escrito por el capitán del Holandés Errante: notas fantasmales, detalles fugaces, palabras e imágenes para ser leídas y vistas por espíritus vagabundos, o quizás por… ti?

Bienvenidos a bordo!

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